¿Qué es la guerra por desposesión de cuerpos femeninos?

Por Ariadna Estévez, UNAM.

En su inconsistencia para mostrar el miedo de persecución específico de las mujeres y en la consistencia en altos índices de violencia sexual y sexista en los ámbitos público y privado, cifras son indicadores de que el sufrimiento de las mujeres ocasionado por la violencia contra el narcotráfico es independiente de la sistemática violencia sexual y de género que enfrentamos en los ámbitos privados y públicos de la sociedad mexicana. Además de la narcoviolencia, vivimos cotidianamente violencia sexual, física, económica y emocional que termina en esclavitud sexual comercial o doméstica y feminicidio. Esta es la sustancia empírica de La Otra Guerra.

¿Pero se puede conceptualizar de manera autónoma de la guerra contra el narco? El que las epistemologías del conflicto y la guerra sean androcéntricas no quiere decir que per se éstos fenómenos descarten la violencia que tiene como blanco a las mujeres exclusivamente. Necesitamos conceptualizar en la jerga del conflicto y la guerra la violencia que vivimos las mujeres para enmarcarla en discursos que visibilicen y politicen la epistemología de la explotación económica, el sometimiento violento y la destrucción de cuerpos femeninos.

La guerra por desposesión de cuerpos femeninos como nueva guerra

La guerra por desposesión de cuerpos femeninas se enmarca en la idea de las nuevas guerras, de Mary Kaldor. Ella dice que éstas no constituyen simples guerras civiles o conflictos de baja intensidad, conceptos ampliamente utilizados durante la Guerra Fría. Tampoco son guerras informales o privatizadas. Más bien, dice, son “posmodernas”, en el sentido de que es imposible distinguir lo público de lo privado, y los motivos económicos de los políticos. Un rasgo distintivo de las nuevas guerras es que se dan por la erosión de la autonomía del Estado, en particular la erosión del monopolio del uso legítimo de la fuerza, no sólo desde arriba –la legislación e institucionalización internacional, e incluso la sofisticación del armamento que se vuelve cada vez más destructivo, lo cual previene, regula e inhibe el conflicto interestatal- sino desde abajo y al interior, es decir, con la privatización de la violencia estatal, de los medios de coerción.

La feminista Laura Rita Segato Segato coincide con Kaldor, pero ahonda en el uso de la tortura y la esclavitud sexual que fueron paradigmáticas de las nuevas guerras ejemplificadas en Ruanda y la Ex Yugoslavia, y que apuntan a que existe un quiebre en lo qentendemos por guerra porque la violencia sexual son parte de la estrategia bélica, y los combatientes utilizan sus cuerpos para escribirse mensajes de odio.Creo que las definiciones de Kaldor y Segato  son un buen punto de partida para colocar el papel central del cuerpo de las mujeres en acciones de guerra, pero me parece que los siguen supeditando a una estrategia bélica que tiene como fin la dominación de un territorio para fines independientes a los del uso de los cuerpos femeninos. El cuerpo de las mujeres tiene un rol como mercancía y para los fines de la guerra misma de lo que estas autoras observan en los casos de las guerras que analizan e incluso en los casos del feminicidio en Ciudad Juárez que analiza Segato (2014).

Para poder analizar el rol de los cuerpos femeninos como mercancías en términos de una guerra propongo incluir dos elementos más: la necropolítica según Sayak Valencia y desposesión de Judith Butler. Con estos dos elementos propondré la idea guerra necropolítica por desposesión.

Necropolítica

Valencia adopta la necropolítica del camerunés Achille Mbembe quien reconstruye el concepto de biopolítica de Michel Foucault para proponer la necropolítica. La biopolítica se centra en los procesos que son específicos de la propia vida: nacimiento, muerte, reproducción, migración y enfermedad; y el campo biológico controlado por el biopoder se fragmenta en una jerarquía de razas, y los que están en la parte inferior son los que son abandonados para morir. Configura un “asesinato indirecto” porque poblaciones enteras mueren como consecuencia de que el Estado no esté haciendo algo por ellos. Su racionalidad, dispositivos, estrategias y luchas o resistencias que genera son diferentes a las del poder soberano y disciplinario (estadística, políticas uso administrativo de la ley en normas y reglamentos). La biopolítica es una tecnología del biopoder, de la misma forma que la necropolítica es una tecnología del necropoder.

En Mbembe, el necropoder  apela a la proliferación de armas y la existencia de mundos de muerte –lugares donde la gente se encuentra tan marginada que en realidad viven como muertos vivientes- que indican que existe una política de muerte (necropolítica) y no una política de la vida (biopolítica). Como Mbembe Valencia cree que es la muerte y no la vida lo que hoy en día se encuentra en el centro de la biopolítica transformándola en necropolítica. Sin embargo sostiene que su interpretación de necropolítica es geopolítica y contextualmente específica al caso de la frontera norte mexicana. Si la biopolítica controla los procesos vitales, las exigencias capitalistas han transformado en mercancías la vida y todos los procesos asociados, tales como la muerte. En las sociedades hiperconsumistas los cuerpos se convierten en una mercancía, y su cuidado, conservación, libertad e integridad son productos relacionados. Como mercancía cada vez más valorada, la vida es más valiosa si es amenazada, secuestrada y torturada. Aquí la violencia extrema y el hiperconsumo son elementos estructurantes de la construcción de subjetividades disidentes que resisten el poder estatal.

Desposesión

Para Butler la desposesión tiene dos acepciones: la primera es la de un sujeto descentrado de sí mismo, lo cual le permite delimitarse como sujeto y conectarse de forma relacional con otros y la sociedad; y la segunda es la que tiene que ver con el despojo de medios de subsistencia, lo que David Harvey llama “acumulación por desposesión”. Harvey reconceptualiza así la acumulación “originaria” de Karl Marx para reflejar “la depredación, el fraude y la violencia” que conlleva esta actividad que extrae los recursos de la naturaleza y la tierra para privatizarlos y lucrar con ellos. La acumulación por despojo se refiere a la biopiratería, la depredación ambiental, la privatización del agua, el saqueo de minerales y otras actividades que convierten la naturaleza en mercancía.

Butler dice que para ella la desposesión en la primera acepción es también determinante de la segunda, pues incluso cuando gozamos de derechos somos dependientes de un tipo de gobernanza y un régimen legal que nos confiere esos derechos y delimita nuestro actuar, de tal forma que antes de que exista una posibilidad de ser desposeído ya estamos fuera de nosotros mismos. Somos sujetos interdependientes cuyo placer y sufrimiento depende desde el principio de un ambiente sostenible, por ello cuando alguien nace en condiciones de precariedad extrema su vida se ve de entrada mermada. Esto quiere decir que la desposesión como despojo solamente puede entenderse en relación con ese antecedente, “solamente  podemos ser desposeídos porque ya estamos desposeídos” dice Butler. La interdependencia con el entorno establece la vulnerabilidad al despojo.

Esta idea constitutiva de desposesión subjetiva y objetiva permite entender cómo un entorno social misógino y de impunidad estructural de la violencia sexual y sexista es la condición de posibilidad para que sujetos violentos y misóginos escindan a las mujeres de sus cuerpos para ser esclavizadas, forzadas mediante violencia física, engaños y depredación a ser objetos sexuales desechables. El ambiente que nos descentra como mujeres es uno constituido por sujetos masculinos que no se relacionan para garantizar mutua autonomía sino para someter con violencia física y sexual a las mujeres para hacerlas objetos de placer masculino y de venganza contra un sistema económico que no les permite cumplir con sus propios estándares de lo que es ser un hombre (proveedor, y dominador de su entorno doméstico). Por otra parte, esta desposesión subjetiva es lo que permite que estos sujetos deshumanicen y se apropien de los cuerpos femeninos, comerciando con ellos en la economía criminal que reproduce el Capitalismo Gore.

¿Pero en qué momento se puede asegurar que esta desposesión constituye una guerra? La guerra por la desposesión de cuerpos se da en acto de la extracción, es decir, cuando los hombres hiperviolentos se enfrentan a las mujeres para adueñarse violentamente de sus cuerpos para su uso comercial y disfrute personal. Por ello la guerra necropolítica por desposesión no es entre bandas criminales que se disputan el control del mercado de drogas y la asociación con el Estado, sino entre hombres violentos y precarizados, y mujeres que se resisten a ser desposeídas de sus cuerpos. La guerra por los cuerpos femeninos tiene su primera línea de batalla donde están las mujeres más pobres y marginadas de las zonas rurales y conurbadas de las grandes ciudades; las que vienen de zonas rurales para trabajar en el mercado de cuidados y servicio doméstico; y las que viven en familias monoparentales comúnmente dirigidas por otra mujer precarizada.

Esos cuerpos son extraídos de sus dueñas a través de brutalidad física y sexual para ser esclavizadas y despojadas de su voluntad a través de la amenaza contra ellas o sus hijos, la tortura y la migración forzada. Luego de ser extraídos los cuerpos son usados en esclavitud con fines de comercio sexual o para controlarlos con fines de subordinación doméstica y sexual. Todas las mujeres tenemos la desposesión objetiva determinada por el Capitalismo Gore, pero estas mujeres nacen o se colocan eventualmente en desposesión subjetiva por su entorno precarizado, y por eso son las primeras en ir al frente en esta guerra.

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Publicado por

desposeida

Soy académica feminista en lo político y necropolitica en lo teórico. Estoy documentando La Otra Guerra en México, la que es por la desposesión de los cuerpos de las mujeres.

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